08 marzo, 2013

Día Internacional de la MUJER



Homenaje a las mujeres
LAS MUJERES: ¡Oh diosas!
Los enigmas de las féminas, ¡benditas sean!
Edición 2013
Sobre las mujeres se ha dicho y escrito mucho. Aun así, los hombres todavía no logramos comprenderlas (ni ellas tampoco a nosotros). Por tal razón, el psicólogo norteamericano John Gray dice, con acierto, que “los hombres son de Marte y las mujeres de Venus” (y yo agrego: y para desventura y desdicha de ambos, no viven ni en Marte ni en Venus, sino ¡conviven en la Tierra! ¡Dios Santo! He ahí la explicación de las venturas y desventuras del binomio o de la díada Mujer-Hombre. Empero, la mujer no puede vivir en la Tierra sin el hombre y ¡viceversa! El hombre no puede vivir en la Tierra sin la mujer.
En el contexto de sus incomprendidas pero necesarias relaciones, ambos -la mujer y el hombre- se recitan mutuamente diciendo: Ni contigo ni sin ti mis penas tienen remedio; contigo porque me matas; sin ti, porque me muero. (Dicho por Antonio Machado, referido por Pablo Neruda).
Que levanten la mano quienes creen que los hombres entienden real y cabalmente a las enigmáticas mujeres; o ellas a nosotros. ¡Ninguno! Empero, en medio de tales incomprensiones, ambos se reprenden suplicantes así: No sé qué diablos tenemos entre tú y yo, pues, mientras más nos odiamos, más nos queremos. (Con las disculpas del caso, me parece que fue don Ricardo Palma quien así lo dijo).
Aun así, gracias Dios por darnos a la mujer. Ella, a nosotros los hombres,  nos hacen sufrir, llorar,  amargar, odiar; pero –no importa-, lo más importante es que ellas nos dan vida, alegría, amor, felicidad, sentido a nuestras vidas. ¡Bendita sea la mujer! ¡Gran regalo de Dios!
¿Sexo débil las mujeres? ¡Já! Si hablar de sexo se trata, la mujer es el símbolo del sexo más fuerte que pueda haber. Por él -por el bello sexo de la mujer que ornamenta su divina desnudez- los hombres no podemos vivir en paz, sin pensar en él un segundo, andamos avasallados, encantados, maravillados, “muertos”, babeantes, perdidos de razón; locos, dispuestos a perdernos en el laberinto maravilloso del sexo femenino. Véase arriba la famosa pintura Las Tres Gracias de Rubens, un homenaje a la belleza de la mujer.
¿Sexo débil las mujeres? ¡Já! Si de osadías se trata, la mujer es el sexo más fuerte que pueda haber. Ellas son fuertes, valientes, guerreras, luchadoras, temidas, inteligentes. Ahí están ejemplos extraordinarios: la Helena de la antigua Grecia, las hijas del gran dios Zeus, las Amazonas (guerreras extraordinarias, como Hipólita, que montadas a caballos eran el terror de lo enemigos integrados por “valientes” hombres), las pasionarias, las heroínas como Micaela Bastidas, la Virgen María ante la crucifixión de su hijo, Las Tres Marías, Teresa se Calcuta, etcétera.  Y qué decir de otra mujer universal, de belleza perfecta, inteligente, astuta, guerrera y típica “tumbahombres”: Cleopatra (Reina de Egipto). El gran Julio César nunca perdió guerra alguna hasta que se topó con Cleopatra y perdió no sólo la guerra sino la cabeza (y la vida); mientras sus enemigos guerreaban para aniquilarle, el pobre Julio César se mantuvo completamente ebrio, loco y “muerto” de amor por ella.
Rindo merecido homenaje a mi abuela, a mis tías, a mi madre, a mi esposa, a mis hijas, a mi hermana, a mis cuñadas, a mis sobrinas, a mi suegra (aunque no lo crean), a mis comadres, a mi ahijada, a mis amigas, a mis maestras, a mis alumnas; a todas las mujeres del Perú y del mundo.
Dr. Nemesio Espinoza Herrera

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